domingo, 11 de abril de 2010

VICISITUDES DE UN VIAJANTE

Esta semana recibí el correo electrónico de un talentoso y amable amigo colombiano, Manuel Teyper, a quien conocí en la feria del libro de Lima hace ya un buen tiempo, y digo talentoso porque es un escritor al cual personalmente admiro por su trabajo. Hoy gracias al correo sé que esta nuevamente en nuestro amado y vilipendiado país, y quería compartir con ustedes el texto que me envió y que a continuación les presento:



VICISITUDES DE UN VIAJANTE


8.30 pm. Jueves 25 de Marzo de 2010.

Me encuentro en la calurosa ciudad de Guayaquil en Ecuador, en tránsito hacia Lima. Vengo de Bogotá, mi ciudad natal, situada a 1.750 m.s.n.m., donde visité por espacio de 6 meses a mi familia, luego de 13 años de ausencia, pues radico en Lima desde hace muchos años.

Encontré la Metrópoli Bogotana atestada de “zorras”: término que define a un caballo tirando de una carreta como si fuese en el lejano oeste en pleno siglo XXI; pasan tranquilamente trasportando mercaderías varias en medio de las grandes avenidas. Además la asfixian los autos y las motos. Sobre todo las motos. Están por todas partes y a todo momento; son una plaga. ¿El motivo?: para adquirirlas solo es necesario dar una pequeña cuota inicial, seguir pagando poco a poco y salir veloz a estrellarse contra cualquier cosa que se cruce en el camino. De modo que cualquiera puede ser el infeliz propietario de un vehículo que inunda las calles, las lomas, los mercados, los parques, las autopistas. Tanto, que existen lugares donde solo estacionan motos. Si uno tiene la “suerte” de viajar en un auto, puede experimentar el fastidio de observar a los lados, atrás y adelante, motos de todas las cilindradas posibles pasando velozmente a pocos centímetros del automóvil haciendo maniobras espectaculares para ser los primeros en llegar a ninguna parte. Lo que quiero que quede en claro es que Bogotá es una ciudad enloquecida y torturada por miles de motos. Y todo parece indicar que el asunto va en aumento.

Y el transmilenio… ese es otro problema. Y el futuro metro de Bogotá, también.

Hay que estar en la hermosa ciudad de Bogotá para saber lo que es el estrés; el infernal estruendo de los carros -que por suerte no salen todos a la calle, pues según sea el último número de la placa, deben ser guardados dos veces por semana-, los 8 millones de habitantes con que cuenta y las motos, a las que uno llega a detestar a muerte. Los que se quejan de Lima, de su tránsito y de sus combis, deberían conocer lo que es Bogotá en horas punta. Y eso que ahora está más o menos ordenada.

Así que estoy en Guayaquil esperando el bus que me trasladará a la frontera con Perú y de ahí a Lima, mi destino final.

Me gusta la ciudad de Guayaquil y me gusta la palabra guayaquil; tiene un timbre melodioso. Suena a noche tibia. A cordialidad. A añoranza.

Estoy en la Terminal de Transportes. Precisamente a la mesa de su patio de comidas saboreando un frío –y barato- vino de manzana. Ahora comeré algo. No mucho. Acaso una fruta; aunque entiendo que debamos alimentarnos, no se por qué debe ser todos los días. Y a cada rato. Debería ser suficiente una o dos veces por mes. Pero no. No solamente tiene que ser todos los días sino tres veces por jornada. Algunos llegan a comer hasta en cinco oportunidades o más. Incluso la humanidad hambrienta ha llegado a inventar cosas como “medias-nueve”, “onces”, “lonche”, “cena”, etc. A mí me basta con almorzar bien, tomar un café en la mañana, otro en la noche, una que otra fruta y basta de contar. Y encima me ahorro un poco de plata.

Cuando Dios dijo a Adán: “Y ganarás el pan con el sudor de tu frente”, en realidad no estaba castigándolo –y encima a todos nosotros que nada que teníamos que ver con el asunto- con tener que trabajar… sino con tener que comer; “ya que tuviste dientes para comer manzana, los tendrás también para comer carne, frijoles, yuca… la lista no tiene fin”. Parece ser la conclusión sabia a la que llegó Dios; nos dio el mayor de los castigos: comer todos los santos días. Trabajar en cambio no es –como fácilmente podría uno incurrir en error- un castigo. Trabajar es una satisfacción. Un goce. Una manera de desprenderse de la mujer durante el día -o la noche- para pasarla en compañía de los amigos –y las amigas- en una oficina o lugar cualquiera donde laboremos. Resulta curioso, por otra parte, que Dios, cuando le encomendó a Adán la tarea de ganarse el billete, no le dijera nada a Eva… cosas de Dios.

Escucho una radio local donde han tenido el buen gusto de transmitir música latinoamericana. Me hace trasladar en el tiempo; escuché estas mismas letras que otrora hicieron que mi sangre corriera más rápido por mis venas. Es la música de los pueblos. Expresan sentimientos de dolor, de sufrimiento pero también de esperanza... y presentimiento de muerte; esa que nos espera ahí agazapada al otro lado de la calle o al voltear la esquina cualquier día.

Observo a través del ventanal a unos niños que parecen ser hermanos. Representan allí afuera una obra de teatro majestuosa –o es así o es el efecto del vino que me estoy tomando- lo cierto es que se toman de las manos y dan vueltas sin tropezarse. Dan saltitos. Corren con los brazos abiertos. La niña, apoyada en la luz de una lámpara que la ilumina como si fuera un reflector improvisado, se mueve suavemente siempre con los brazos abiertos como si fuera una bailarina más de “el lago de los cisnes” de Tchaikovsky –o algo así-; danza rítmicamente bajo los sones de una música imaginaria y maravillosa. Se acerca a su hermano y lo toma de las manos. Dan vueltas una y otra vez, hasta que, cansados de jugar, se acercan a sus padres –ignorantes de la obra que acaba de llevarse a cabo-. Se baja el telón. Sonrío y les dedico un aplauso silencioso –siempre bajo los efectos del licor; de otro modo, ni yo, que ando husmeando todo, me hubiese dado cuenta de nada-. Creo que los adultos dejamos de ser niños cuando empezamos a ser menos auténticos, a medir cautelosamente cada movimiento a ojos ajenos, como si temiésemos hacer el ridículo. Además, dejamos de soñar y jugar y empezamos a envejecer sin remedio.

Estoy esperando a que las horas transcurran tranquilamente y sean las dos de la madrugada para tomar el bus que me llevará a Huaquillas, pueblo fronterizo donde pienso cruzar a Perú sin problemas. Sin problemas es un decir. Me parece que deberé sobornar a los guardias para que me dejen pasar al país donde radico legalmente desde hace casi 20 años y donde está la mujer –peruana- con la que me casé –por culpa del destino- 17 años atrás.

La razón de mi improbable ingreso a la patria de los internacionalmente conocidos Jaime Baily y Laura Bosso, es simple y absurda a la vez:

En 1990 me encontraba en Lima –después de 2 años sabáticos por tierras de Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay- donde tomé un bus para ir no me acuerdo a donde; allí tuve el infortunio de ser despojado de mi pasaporte. Levanté la denuncia correspondiente ante una comisaría, y en el Consulado Colombiano me dotaron de un nuevo pasaporte. Este último provisional. Me ordenaron presentarme a la Prefectura –que se ubica en la Avenida España-. Me presenté todo juicioso. Me hicieron muchas preguntas. Me hicieron regresar el lunes, luego el miércoles, el viernes y otra vez el lunes… 20 días después me informaron que quedaba detenido. Pregunté el motivo. Ordenes superiores, me dijeron.

Después de 15 días en prisión fui expulsado de la República del Perú sin derecho a decir ni pío, entre otras cosas porque la Cónsul de turno –contratada precisamente para velar por el bienestar de los colombianos en el exterior- hizo caso omiso a la orden que le dio el pueblo, y me abandonó a mi suerte sin haber cometido falta alguna. Pasé de ser víctima de robo a sospechoso de incurrir en delito –y detenido en consecuencia- en un abrir y cerrar de ojos; eso de ser colombiano es una carga que solo se aguanta por el inmenso amor que se le tiene a la patria.

Pero ya conocía a la que ahora es mi esposa; su apoyo –y una “modesta” suma de dinero a las autoridades pertinentes- permitieron que me dejaran ir en un bus interprovincial, y no poco a poco como tenía advertido por la policía.

Sin temor a equivocarme debo decir que soy el “orgulloso” poseedor del record mundial por ser el único ciudadano que ha sido acusado, detenido y expulsado –en un mundo de desempleados- por una ley de vagancia, que creo sigue en vigencia. Con el agravante de ser turista.

Total que 20 años después de aquel infausto suceso, aún en las pantallas de las modernas computadoras de la policía figura mi foto, mi nombre, mi “delito” y el impedimento de ingresar al país, no obstante tener en mi poder un carnet de extranjería que me acredita como residente. Situación ambigua a la que tendré que encontrar solución.

Ha llegado la hora de abandonar el ensueño para despabilarme. En Lima me espera el reencuentro con la familia que me recibirá con los brazos abiertos –o al menos eso espero yo- y la tarea de seguir escribiendo la historia de aquellos que se debaten ante la urgencia de seguir sobreviviendo… pese a todo.

Manuel Teyper mteyper@hotmail.com

PROYECTO CULTURAL SUR

domingo, 21 de marzo de 2010

"SIC"


No sé si les ha sucedido pero yo hasta ahora no sabía el significado real del término “sic” y esto que ya me había cruzado infinidad de veces con la dichosa “palabrita” en muchos textos que he leído, pero ha sido recién hasta hoy que me vengo a enterar de lo que realmente significa.

A los que ya conocían el término les ruego disculpar mi ignorancia y a los que al igual que yo desconocían ese termino pues aquí les va la respuesta.

Sic es un latinismo, es decir una palabra de origen latín. Es un adverbio, una palabra latina que significa 'así, de este modo' y se usa en textos escritos para indicar que una palabra o expresión es una transcripción o copia textual, aunque sea incorrecta o pueda parecerlo. Sic significa entonces: Así, de este modo o tal y como se reproduce.

Por ejemplo:

María me dejó una nota que decía: “te hespero (sic) a las diez”.

Juan escribió en un cartel de despedida "Que tengas las mejores bacaciones (sic) de tu vida".

USO: Se usa en textos escritos, generalmente entre paréntesis, para dar a entender que una palabra que pudiera parecer un error textual por parte de quien lo publica, es en realidad un error de quien lo escribió originalmente, pero se respeta la forma escrita.

Sic, NO es una contracción. Es un adverbio de modo.


Uno siempre aprende algo nuevo cada día, y eso hay que agradecérselo a Dios siempre.

domingo, 14 de marzo de 2010

DESVARÍOS URBANOS...

Sábado, nueve y media de la noche, miro al cielo y me acuerdo de ti, de tu sonrisa, de tus ojos enormes, esos dulces ojos tuyos, que a veces me miraban misteriosamente, y te extraño. Me pregunto que será de ti, estarás pensando en mí como lo hago yo a esta hora, a esta bendita hora que la gente camina apresuradamente en la ciudad. Apuro el paso quiero llegar a casa, descansar y olvidarme de mis turbaciones, compro un cigarrillo para darme valor y seguir mi camino pero el paradero aun esta muy lejos y tengo miedo, estoy solo y tengo miedo, cierro mi mano y hago un puño para no verla tan vacía, algunas veces quisiera no ser no ser tan melancólico, tomarme una cerveza y olvidar mis estupideces, pero eso es imposible. Oculto mi mano en el bolsillo e intento sonreír, sonreírle a la noche, ya son casi las diez, aun no llega el bus que me llevará a casa, y ¿si no quiero ir? y ¿si en vez de dirigirme a mi casa me voy a la tuya?, llego delante tuyo y te digo: aquí estoy, aquí estoy mi amor, te he extrañado, te he extrañado como mierda y te abrazo, y no te suelto, pero son solo ideas tontas. Llega el bus y me subo, un asiento vacío será mi refugio, encenderé mi música e intentare recordar lo feliz que fui hace algún tiempo atrás cuando regresaba los sábados a medianoche a casa embriagado de besos y cariños soñando con volverte a ver un día más…

lunes, 8 de febrero de 2010

Religión - Cuando el rumor del viento...




Música para este fin de siglo. Música hecha en Córdoba para penitentes de la centuria: La mística del sonido y el silencio de la luz envuelven como nunca la incógnita del futuro a despejar. Canciones que no hablan de amor, paz ni coca cola, y sí de Dios, ceguera y desolación total, (J.J., 08/06/1986)

Cuando el rumor de viento…

Hay un misterio del cual

Oí hablar lejos de mi país

Al otro extremo del mar

Fue hallada la orquídea del mal


El pescador la oyó

Solo un hombre podía pecar

Enredado en sus cabellos

Porque solo uno era el elegido


Cuando el rumor del viento

Aceche y llegue hasta ti

Déjalo pasar

Cuando el bueno del tiempo

Se eleve y te aleje de mí

Me podrás olvidar


Mano de martillo rugió

Solo un hombre podía sembrar

Embriagado de mentiras

Toda la discordia de aquel lugar


Cuando el rumor del viento

Aceche y llegue hasta ti

Déjalo pasar

Cuando el bueno del tiempo

Se eleve y te aleje de mí

Me podrás olvidar.

La musa de Hiperbórea


La musa de Hiperbórea.
The muse of Hyperborea, Clark Ashton Smith (1893-1961)

La musa de Hiperbórea (The muse of Hyperborea) es un relato fantástico del escritor norteamericano Clark Ashton Smith, publicado en la edición de junio de 1934 de The fantasy fan.

Demasiado lejos queda su pálido y mortal rostro, y demasiado remotas las nieves de su pecho letal como para que mis ojos puedan contemplarlos jamás. Pero hay veces en que me llega su susurro, como un helado viento de ultratumba, debilitado después de atravesar los golfos que separan a los mundos, y que ha surgido sobre los últimos horizontes de desiertos rodeados de hielo. Y me habla en un idioma que nunca he oído, pero que siempre he conocido; y me habla de cosas mortales y de cosas maravillosas, fuera del alcance de los deseos estáticos del amor. Su relato no es sobre algo bueno o malo, ni sobre nada que pueda ser deseado o concebido o pensado por las termitas de la tierra; y el aire que respira, y la tierra por donde anda errante, estallarían como el frío cortante del espacio sideral; y sus ojos cegarían la visión de los hombres como si fueran el sol; y su beso, si pudiera alcanzarse, se retorcería acuchillando como el beso del relámpago.

Pero al oír su susurro lejano y poco frecuente, me imagino una visión de vastas auroras, sobre continentes más grandes que el mundo, y mares demasiado extensos para las quillas de las empresas humanas. Y a veces balbuceo los lazos extraños que nos trae, si bien nadie los recibirá con agrado, y nadie creerá en ellos, o los escuchará. Y en algún amanecer de los años desesperados, me adelantaré y seguiré hasta donde me llama, para buscar el beatífico nado de sus distancias nevadas, para perecer entre sus inescrutables horizontes.

Clark Ashton Smith (1893-1961)

domingo, 7 de febrero de 2010

El amor es más denso que el agua




A veces una simple melodía puede hacer que vengan tantas cosas a tu mente, una frase certera que nos hace estremecernos y pensar y pensar…

El amor es más denso que el agua

Este tema de Andy Gibb (uno de mis favoritos desde hace muchos años) me trae sensaciones que inútilmente trato de entender…

Aun creo estar en el lugar correcto, pero equivocándome a cada instante, y ya no se si quiero largarme o quedarme aquí para hacer lo correcto, pero ¿Qué es lo correcto? ¿Quién tiene la respuesta definitiva?

Ángel del Cielo, hija del Diablo

Por ahora solo se que…

Tú eres el único sueño de este soñador


El amor es más denso que el agua - Andy Gibb


El amor es más alto que una montaña
El amor es más denso que el agua
Tú eres el único sueño de este soñador
Ángel del Cielo, hija del Diablo

Hey, me pregunto si debería ir con ella en noches silenciosas
Me volverá loco al final
Y deberé dejar este paraíso
Pero no puedo dejarla
Mientras que la necesite más de lo que ella te necesita
Para eso estoy viviendo

El amor es más alto que una montaña
El amor es más denso que el agua
Tú eres el único sueño de este soñador
Ángel del Cielo, hija del Diablo

Hey, me pregunto si debería averiguar que a ella no le importa en lo absoluto
Me dejará llorando al final
Vagando por la luz del crepúsculo
Pero, no puedo dejarla
Mientras que la necesite más de lo que ella te necesita
Para eso estoy rezando

El amor es más alto que una montaña
El amor es más denso que el agua
Tú eres el único sueño de este soñador
Ángel del Cielo, hija del Diablo

El amor es más alto que una montaña
El amor es más denso que el agua
Tú eres el único sueño de este soñador
Ángel del Cielo, hija del Diablo

La, La, La....

jueves, 4 de febrero de 2010

POETAS ANÓNIMOS (Anayansi Acevedo)


Amo a un obrero

Publicado por Anayansi Acevedo


Amo a un obrero
De manos grandes y fuertes,
buenas para recorrerme completa;
y para edificar puentes que llevan al cielo.
De voz cálida, melodía perturbadora,
que estremece mis entrañas y me renueva entera.

Amo a un obrero
Que es también, poeta, niño ingenuo y trovador enamorado
Que me regala estrellas, flores, canciones;
y me da de beber fuentes de agua viva.
Que siembra junto a mi huertos de esperanza;
y que recorre, conmigo, senderos de alegría.

Amo a un obrero
Hombre viril, hermoso y arquitecto de delicias,
que me devolvió la fe, la dicha y la cordura.
Ángel de amor, en el sentido cabal de la palabra;
y que me hace soñar despierta día por día.



Un hermoso poema tomado de la web amiga:

http://poetasanonimossa.com.ar/2010/02/amo-un-obrero.html

yo soy un obrero de manos fuertes...
"Widia de nocturnas cuadras..."