sábado, 22 de mayo de 2010

La noche no termina y el amor se hace lento...


CÉSAR MORO


EL MUNDO ILUSTRADO

Igual que tu ventana que no existe
Como una sombra de mano en un instrumento fantasma
Igual que las venas y el recorrido intenso de tu sangre
Con la misma igualdad con la continuidad preciosa que me
asegura idealmente tu existencia
A una distancia
A la distancia
A pesar de la distancia
Con tu frente y tu rostro
Y toda tu presencia sin cerrar los ojos
Y el paisaje que brota de tu presencia cuando la ciudad no
era no podía ser sino el reflejo inútil de tu presencia de
hecatombe
Para mejor mojar las plumas de las aves
Cae esta lluvia de muy alto
Y me encierra dentro de ti a mí solo
Dentro y lejos de ti
Como un camino que se pierde en otro continente.

domingo, 16 de mayo de 2010

"BELUS": EL RETORNO DE BURZUM

Sonidos deprimentes y subyugantes son los que aprisionan tu mente y tus oídos al escuchar el último trabajo de Varg Vikernes titulado “Belus”, es el octavo álbum en estudio de Burzum. Este nuevo trabajo vio la luz (por así decirlo) el pasado 8 de marzo de este año gracias al sello “Byelobog Productions” y es el primer álbum publicado por Vikernes luego de salir de la prisión, donde purgó condena por 16 años, acusado de asesinato.

En noviembre del 2009, Vikernes anunció la publicación de su nuevo álbum, inicialmente titulado “Den Hvite Guden” (“El Dios Blanco” en idioma nórdico). Este título estaba dedicado al Dios Blanco, conocido alrededor de Europa con distintos nombres como: Apolo, Baldr, Belenus, Belus, Bragi, Belobog, Jarilo, etc. Pero en diciembre de ese mismo año, anunciaría que el título del álbum sería cambiado a “Belus” debido a que el título anterior podía inducir a que el título del álbum aludía a un cierto tinte racista. Vikernes se defendió diciendo que el título anterior no tenía nada que ver con el color de la piel, sino más bien con el color blanco del dios Baldr, un dios nórdico asociado a la luz.

Hablando propiamente del álbum diremos que el tema introductorio (Leukes Renkespill) que da inicio al disco es una extraña y breve melodía que queda de lado para dar paso a un tema que nos habla de la muerte de Belus (Belus' Doed) y a partir de aquí relata, y en distintas etapas, su paso por el inframundo, para acabar con un pasaje totalmente ambiental (Belus' Tilbakekomst) basado en el retorno de Belus, ocho caóticos temas que tienen a un personaje principal como hilo conductor y que resuenan morbosamente en nuestros oídos mientras dura el festín.

Belus tranquilamente podría convertirse en uno de los discos del año, y es que Vikernes despliega aquí toda su insanía mezclada con la melancolía de siempre, ese espíritu soñador con las deidades de un pasado nórdico enterrado bajo las iglesias cristianas que en vano él mismo trato de hacerlas desaparecer. Todo ello vuelve a la vida en este álbum, vuelve en las poderosas composiciones que encontramos en esta nueva entrega del siempre polémico “Conde Grishnackh”.


BURZUM – “BELUS”
Estilo: Atmospheric Black Metal
Web oficial: Burzum
Myspace oficial: MySpace

“Belus” / editado el 8 de marzo 2010 por Byelobog Productions
Integrantes: Varg Vikernes (todos los instrumentos, voz)

01. Leukes Renkespill (Introduksjon)
02. Belus' Doed
03. Glemselens Elv
04. Kaimadalthas' Nedstigning
05. Sverddans
06. Keliohesten
07. Morgenroede
08. Belus' Tilbakekomst (Konklusjon)

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sábado, 8 de mayo de 2010

Autechre – Oversteps (Warp, 2010)


autechre1
Cargado originalmente por cesarvill
Autechre han vuelto y lo hacen de manera amable. Bueno, por lo menos de manera que no tengamos que hacernos un nudo en la cabeza para descifrar el genoma de su música tal y como ocurría con sus discos de la pasada década. Hace tan solo dos semanas realizaron una maratón radiofónica de doce maravillosas horas que coincidía con la salida de este Oversteps. Una trama promocional que nos demuestra que Autechre han vuelto. Esta vez para quedarse entre los mortales.

martes, 27 de abril de 2010

ESCRITOACIEGAS #2


Plazuela


Miraba las deshoras
Desde una fría banca de concreto
En el centro de la ciudad

El ir y venir de palomas grises
Que se cagan libremente sobre el asfalto

Aves que ya le perdieron el miedo
A las manos cansinas
Que las alimentan

Aquí no existen las horas
Solo hay una larga y vana espera

Un cúmulo de ideas pueriles
Que adormecen a la tarde
Y a sus habitantes

Todos, con la inútil esperanza
De volver a caminar

Ponerse por fin de pie
Y perderse entre la multitud.


cesarvill

sábado, 24 de abril de 2010

ALBERT CAMUS: El argelino silencioso



En el libro Desconsideraciones (de próxima aparición), el escritor argentino Abelardo Castillo reúne una serie de ensayos sobre grandes escritores. Aquí ofrecemos, como anticipo, un texto sobre el creador de La peste.

"Muchos mueren demasiado tarde y algunos prematuramente." Estas palabras de Nietzsche, apenas variadas por Sartre ("se muere demasiado pronto o demasiado tarde"), pudieron también ser pensadas por Albert Camus y parecen escritas para él. Cuando Camus, absurdamente, se mató en un accidente automovilístico tenía 46 años. Absurdamente: escribir que esta muerte prematura fue absurda no es intercalar un adverbio emotivo, sino aceptar las leyes del mundo espiritual de Camus. En un universo absurdo, la muerte, si no se la ha elegido, es una contingencia tan irrazonable como la vida. Sólo que la absurdidad de ese accidente nos instala en el corazón de una doble paradoja. Toda muerte es estúpida, pero la de un escritor de 46 años, del que aún se espera todo, parece más paradojal y sin sentido; y al mismo tiempo resulta casi una fatalidad. Justamente por absurda, la muerte de Camus se constituyó como destino. Cuando tenía treinta años, escribió: "Existe un hecho evidente que parece enteramente moral: un hombre es siempre presa de sus verdades. Una vez que las reconoce no puede apartarse de ellas. No hay más remedio que pagarlas". Tuberculoso desde la adolescencia, sobreviviente de la miseria africana, de la guerra, del suicido -escribió un libro entero para justificar el no matarse y exaltar la esperanza en un mundo que afirma la desesperación y niega la vida-, parecía inmunizado contra la muerte. Sólo podía matarlo el azar. Pero, si es cierto que siempre pagamos por nuestras verdades, el azar es una forma secreta del destino.
"Mi obra no ha comenzado", solía decir. En Estocolmo, en su discurso ante la academia sueca, se describió a sí mismo como un hombre "cuya obra está todavía en el telar". Se tiene la tentación de creerle. El extranjero, La peste, La caída, unas pocas piezas de teatro, de las cuales sólo una (Calígula) puede ser considerada definitiva, algunos relatos y ensayos impecablemente escritos conforman la obra total de Camus. Una obra que cabe en dos tomos pero que bastó para hacerlo célebre en el mundo a una edad en que otros escritores comienzan a ser leídos desganadamente por sus contemporáneos. ¿Cuáles son las razones por las que estos libros se convirtieron en decisivos para nuestra generación, mucho antes de que el Premio Nobel instalara a Camus en el ambiguo panteón de los inmortales en vida? No fue, sin duda, su esplendor formal: en una literatura donde aún reinaban Gide y Valéry, la indiscutible belleza de la prosa de este argelino no bastaba para hacer de él lo que fue, un escritor necesario. Su originalidad, tampoco. Camus no pretendía ser original. Era deliberadamente clásico, deliberadamente lejano a veces, deliberadamente atento a las simetrías del francés y a sus resonancias. El más memorable de sus postulados ("No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio") nos suena estudiadamente temperamental, demasiado escrito. La más ambiciosa de sus novelas, La peste, no alcanza a rebasar un género que a Poe le parecía fatal para la literatura: la alegoría. Qué, entonces. La respuesta es conocida por todos: Camus soñó un mito contemporáneo: el del "extranjero", y fue, en nuestro tiempo, el último gran moralista ateo. En un mundo absurdo, sin Dios y sin finalidad, Camus se empecinó en defender la moral del hombre absurdo. Toda su filosofía podría resumirse en una sola idea fundamental: la vida es sagrada. No hay razones metafísicas ni religiosas para vivir, pero existen razones éticas para no suicidarse. Nadie, justo o injusto, puede justificar la existencia, pero tampoco nadie tiene derecho a matar, ni siquiera en nombre de la justicia. Sólo excluía de esta moral el asesinato y el suicidio políticos. Que yo recuerde nunca lo escribió, pero seguramente pensaba que el arquetipo del suicida por una causa justa fue Jesús. En cuanto al crimen político, sólo lo justificaba si el matador de un hombre paga esa muerte con su propia vida.

Este cristiano ateo, este anarquista piadoso se situaba más allá de la política. O dicho de un modo mejor: Camus ponía la moral por encima de la política. Que tuviera razón o no, o que yo suela pensar que efectivamente tenía razón, no cambia las cosas. Camus tenía razón en una historia que se la negaba. Las rebeliones de los hombres, las guerras, la revolución exigen semiverdades pragmáticas, no bellos evangelios absolutos. Camus escribió en un tiempo en que criticar al partido comunista era juzgado, invariablemente, como hacerle el juego a la derecha, y aunque invariablemente no lo fuera, también es cierto que políticamente resultaba así. No le importó. En contra de los comunistas, en contra de la izquierda, en contra de sus mejores amigos, denunció los campos de trabajo soviéticos y el cinismo de ciertas prácticas llamadas revolucionarias. Llegó a escribir: "Si, finalmente, la verdad estuviera a la derecha, ahí estaría yo". Era demasiado, aun en Francia, aun para un anarquista existencial que había luchado en la Resistencia. La izquierda entera lo excomulgó. La derecha que lee libros celebró su conversión, y, sin entender nada, pensó que Camus había regresado a casa como el hijo pródigo.

De esos años es su polémica con Jean-Paul Sartre. La respuesta de Sartre es uno de los textos más lúcidos y feroces que un amigo haya escrito sobre otro. "Nuestra amistad no ha sido fácil pero la echaré de menos", comenzaba esa respuesta. "Si hoy la rompe usted, es porque estaba destinada a romperse..." Y luego: "La gente, acobardada por esa mezcla de suficiencia y sombría vulnerabilidad que hay en usted, nunca se ha atrevido a decirle más que medias verdades...". Lo demás, se ve venir. Treinta páginas después, la carta de Sartre termina: "Su moral se transformó primero en moralismo; hoy no pasa de ser literatura; mañana tal vez sea inmoralidad". Camus ya no contestó.

Los hombres de mi generación sabíamos de memoria los párrafos más elocuentes de esas cartas. Tal vez pueda decir que yo tenía menos de 20 años en ese tiempo, y no vivía en París, sino en un pueblo de la provincia de Buenos Aires: esa polémica dividió a una generación, en todo el mundo. Se era revolucionario o se era moralista. No sabíamos que Camus y Sartre demostraban lo mismo. Camus tenía razón contra los comunistas, Sartre tenía razón contra Camus. Hoy sabemos que la razón no prueba nada: se puede tener razón y ser injusto.

Hacia 1959 pareció que Camus no volvería a hablar. Uso deliberadamente el verbo: el mutismo de Camus era la ausencia de una voz, no de una literatura. Como el último Gide, decidió la soledad y el silencio. No volvió a hablar de Argelia, no alcanzó a hablar de Cuba. La izquierda, es cierto, ya no podía contar con él, pero la derecha al menos no iba a poder usarlo.

Un día se mató, en un accidente absurdo. Por fortuna, Sartre no había muerto a destiempo y pudo escribir: "Nos habíamos distanciado él y yo. Un distanciamiento no significa gran cosa, aunque resulte definitivo, a lo sumo una manera de convivir... Eso no me impedía pensar en él, sentir su mirada fija sobre la página del libro o del diario que leía y preguntarme: ¿Qué dirá él de esto? ¿Qué dirá de esto ahora?"

En 1994, se publicó por fin El primer hombre, la novela póstuma de Camus. No sabremos nunca qué hubiera llegado a ser ese libro, pero sabemos lo que es. Una confesión fragmentaria, patética, dichosa. Tal vez su obra más desolada y sincera; tal vez, la más genuinamente grande. La menos escrita, la más hermosa. "Posiblemente usted haya sido pobre, en otro tiempo", le había escrito Sartre en 1952, "pero ya no lo es: usted es un burgués como Jeanson y como yo". Este libro contesta desde la muerte a ese posiblemente y, acaso, refuta el resto la afirmación; de la miseria africana de un Camus, no se hace un burgués, aunque se haya dejado de ser pobre. Un apunte de una de las páginas sueltas del libro también da cuenta de esto: "Lo que me ha ayudado a soportar la suerte adversa me ayudará tal vez a recibir una suerte demasiado favorable, y lo que me ha sostenido es la grande, la grandísima idea que me hago del arte". Otro apunte responde por su silencio: "La nobleza del oficio de escritor está en la resistencia a la opresión, y por lo tanto en decir sí a la soledad". Otro, parece enjuiciar a la intelectualidad entera de Francia. Dice: "Lo que no querían de él, era el argelino".

© LA NACION

Nota tomada de:



miércoles, 14 de abril de 2010

MARIPOSAS

Antes de leer el texto ponle "play" al video

Alguna vez maldije mi suerte, despotrique contra el mundo y lloré de pie porque estando echado inundaba mi alrededor. Alguna vez.

Tengo suerte de vivir, de quejarme y de maldecir, de agradecerle a la vida tantos golpes y tantas alegrías. Que manera más curiosa de sentirnos vivos; pienso a veces. Los extremos nos hacen estremecernos y darnos cuenta de cuan vivos estamos, son las situaciones las que nos ayudan a crecer y luego a aprender.

Ayer recordaba mariposas, tan libres, tan blancas, tan llenas de vida, repletas de sueños que aun no se han ido. Recordaba que vivir es lo único que vale la pena en esta vida. Reír, llorar, maldecir, agradecer o simplemente vivir, porque pasado un tiempo los recuerdos dejan de dolernos y en vez de eso nos dibujan preciosas sonrisas que casi siempre iluminan nuestro oscuro caminar.

Debajo del cielo vuelvo a caminar, a sonreír, a esperar y esperar mis mariposas, mis navecitas blancas…

SILVIO RODRIGUEZ - MARIPOSAS



lunes, 12 de abril de 2010

ESCRITOACIEGAS


Quejidonulo


Dejo mis manos
descansar bajo su peso

He cavado una fosa
tan profunda
que a veces me mira,
y mi voz ya no me grita
tu nombre como antes

Intento caer de pie
a este abismo ineludible
guardándome la pena
en los bolsillos,
tontamente

E intento una última sonrisa
que martille tu recuerdo,
por los siglos de los siglos

Para que no duermas
nunca más

para que al final
de este estupido verso
puedas seguir tu camino
tan libre de pecado
como cualquier otro asesino.


cesarvill