martes, 21 de abril de 2009

EL "CALICALABOZO" DE ANDRÉS CAICEDO

ANDRÉS CAICEDO 1951-1977

Andrés Caicedo dijo que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza. Fue uno de esos pocos genios que hizo lo que predicó. Para él estaba primero la acción y después la reflexión; eso hizo que escribiera a una marcha vertiginosa. Sus críticos lo han visto como un desarraigado, un desadaptado o un ser trágico, pero más allá de la mirada superficial, estaba el artista afanado por vivir intensamente.

La verdad es que hasta hace unas semanas atrás ignoraba completamente la obra de Andrés Caicedo, ni siquiera había oído hablar de él, hasta que un amigo de la universidad me presto gentilmente el libro titulado “Calicalabozo” (gracias Martín) y quede profundamente fascinado de su prosa.

Los cuentos que componen Calicalabozo son vertiginosos, intensos y vibrantes. Los temas recurrentes de Andrés y que casi siempre lo obsesionan de manera enfermiza son: el cine, el rock y sobre todo la ciudad como escenario que encierra el horror de lo cotidiano, una eterna melancolía que se apodera del pensamiento, los adolescentes delirantes que buscan amor en medio de su perdición, la presencia constante de la muerte y, por supuesto, la literatura como experimentación creativa y trasgresora de los límites de la realidad. (Editorial Norma)

De Andrés Caicedo podemos decir que se trata de un escritor precoz que desde que descubrió su vocación por la literatura no quiso perder ni un minuto de su vida, hasta el punto de convertir la construcción de su obra en una obsesión. En 1964, cuando entró a cursar tercer grado, escribió su primer cuento, El Silencio, pero es al parecer hasta 1969, año en que gana el segundo premio del Concurso Latinoamericano de la Revista Imagen de Caracas con el cuento Los dientes de Caperucita -del que había escrito siete versiones-, que Caicedo logra consolidar una disciplina en la escritura. Desde ese momento, Caicedo continuó escribiendo cuentos cortos y piezas teatrales, y comenzó a escribir sus primeras novelas. Desde los catorce años hasta su temprano suicidio en 1977, Caicedo persiguió el "destinito fatal" de la literatura y el cine, con una creatividad, entrega y fecundidad al parecer inagotable: en un puñado de años escribió docenas de cuentos, publicó una novela, representó obras teatrales, dirigió un mediometraje, y fundó una revista dedicada al cine que se convertiría en una leyenda, "Ojo al cine".

Analizando su muerte, Alberto Fuguet dice:

“Caicedo es el eslabón perdido del boom. Y el enemigo número uno de Macondo. No sé hasta qué punto se suicidó o acaso fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos. Era mucho menos el rockero que los colombianos quieren, y más un intelectual. Un nerd súper atormentado. Tenía desequilibrios, angustia de vivir. No estaba cómodo en la vida. Tenía problemas con mantenerse de pie. Y tenía que escribir para sobrevivir. Se mató porque vio demasiado”.


Para conocer un poco de su obra les dejo aquí algunos fragmentos de ella y espero sinceramente que puedan leer más textos de Caicedo y quedar tan maravillados como yo.



Andrés Caicedo
Infección (fragmentos)

(Odio la Avenida Sexta por creer encontrar en ella la bienhechora importancia de la verdadera personalidad. Odio el club campestre por ser a la vez un lugar estúpido, artificial e hipócrita. Odio el teatro Calima por estar siempre los sábados llenos de gente conocida. Odio al muchacho contento que pasa al lado, perdió al fin del año cinco materias, pero eso no le importa, porque su amiga se dejó besar en su propia cama. Odio a todos los maricas por estúpidos en toda la extensión de la palabra. Odio a mis maestros y sus intachables hipocresías. Odio las malditas horas de estudios por conseguir una buena nota. Odio a todos aquellos que se cagan en la juventud todos los días).


***
(La odio a ella por no haber podido vencer a su conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero, muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso, la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iba con mis palabras, mis gestos y mis caricias, con todo...
otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino... quién sabe...

***
Odio a todas las putas por andar vendiendo adoraciones falsas en todas sus casas y sus calles.
Odio las misas mal oídas... odio todas las misas. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio... y a ustedes les importa?
Si, odio todo esto, todo eso, todo. Y lo odio porque lucho por conseguirlo, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso lo odio, porque lucho por su compañía. Lo odio porque odiar es querer y aprender a amar. Me entienden? Lo odio, no he aprendido a amar, y necesito de eso. Por eso, odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada...


a nada

a nadie

sin excepción!


Andrés Caicedo
Calibanismo

Hay varias maneras de comerse a una persona.

Empezando porque debe ser diferente comerse a una mujer que comerse a un hombre. Yo he visto comer hombres, pero no mujeres. No se‚ si me gustara ver comer a una mujer alguna vez. Debe ser muy diferente. Lo que yo por mi parte conozco, son tres maneras de comerse a un hombre. Se puede partir en seis pedazos a la persona: cabeza, tronco, brazos, pelvis, muslos, piernas, incluyendo, claro esta ,Hay varias maneras de comerse a una persona. Empezando porque debe ser diferente comerse a una mujer que comerse a un hombre. Yo he visto comer hombres, pero no mujeres. No se‚ si me gustara ver comer a una mujer alguna vez. Debe ser muy diferente. Lo que yo por mi parte conozco, son tres maneras de comerse a un hombre. Se puede partir en seis pedazos a la persona: cabeza, tronco, brazos, pelvis, muslos, piernas, incluyendo, claro esta, manos y pies. Sé que hay personas que parten a la persona en ocho pedazos, ya que les gusta sacar también las rodillas, el hueso redondo de las rodillas, recubierto con la única porción de carne roja que tiene el ser humano. La otra forma que conozco es comerse a la persona entera, así no más, a mordiscos lentos, comer un día hasta hartarse y meter el cuerpo al refrigerador y sacarlo al otro día para el desayuno, así. Como comerse un mango a mordiscos. Porque yo puedo decir que a mi antes me gustaba muchísimo el mango verde, y después vino esa moda de partir el mango en pedacitos y fue apenas hace como una semana que me vine a dar cuenta que los mangos verdes me habían venido a gustar menos y supe también que era porque me los comía partidos, así que seguí comprándolos enteros, comiéndolos a mordiscos, y me han vuelto a gustar casi tanto como cuando estaba chiquito.. Eso mismo debe pasar con los cuerpos. La persona que ya lleva siglos comiéndolos tiene que darse las maneras de variar el plato para no aburrirse, porque si no como hacen. Yo no se‚ si ustedes leyeron la otra vez en la prensa que habían encontrado el cuerpo de un coronel retirado, metido en una chuspa de papel y amarrado con cabuya, lo que dijeron fue que lo habían encontrado por el Club Campestre, y que había expectación por el extraño estado en que se había hallado el cuerpo. Era un coronel Rodríguez, un tipo ni flaco ni gordo, de bigotico, y con una chucha que arrasaba. Claro que los periódicos nunca dijeron en que consistía ese "extraño estado en que se había hallado el cuerpo", pero como yo estoy al tanto de las cosas yo sé que el cuerpo ese lo que estaba era todo mordido. No se lo acabaron de todo porque mi coronel ya tenia 52, allí fue cuando se dieron cuenta que no había como la carne de gente joven, fresca. Los ojos, por ejemplo, que dizque son lo más exquisito, dicen que cuando la persona pasa de los 35, se endurecen y se agrian, ya no vale la pena comerlos.



3 comentarios:

Mulani dijo...

Andrés fue un chico muy inteligente pero muy atormentado.
Me inquieta la idea de saber por qué en Colombia siempre hubo un alto índice de suicidio juvenil.

Anónimo dijo...

el problema de gente "incomprendida" es que muestran su visión pero no aceptan o no toleran la visión de los demás; e ahí el origen del caos de su inteligencia emocional.

anonima dijo...

Que si odio?
Yo también odio
Se me había olvidado que odio
Me odio cuando me empapo en la pena
Pena de ser
Y luego me voy con toda esa carga formulando uno o más caminos por los que pude haber seguido para no hacerle caso a la pena
Pena digo yo que es … dejar de hacer unas cosas que has pensado hacer por pensar que incomoda tu recepción de los datos y desprecias tu actitud al tiempo que valoras, o más bien sobrevaloras la de los demás
Muy altruista? Pues no me deja vivir intensamente esta aptitud
Así que odio la pena que nos deja sin nosotros mismos, perdidos en los gestos de los otros, como si valiera la pena